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Por : Clemente Guido Martínez
Entre las Estatuas de la Isla Zapatera, descubiertas por Carl Bovallius y reportadas en su libro “Nicaraguan Antiquities” (1886), encontramos un homenaje indígena a la madre, bajo la codificación “N”. Desafortunadamente para los nicaragüenses, el tiempo y el descuido dieron cuenta de esta estatua desapareciendo de Nicaragua en fechas inciertas.
La estatua es “una figura femenina, con un niño en su regazo”, dice Bovallius, para continuar: “En sus brazos sostiene con dejadez a un niño cabezón de orejas grandes, desmañado y de piernas cortas y enclenques”. (Bovallius 1886: 31).
Es poco probable que se trate de la representación de una deidad, puesto que la iconografía para representar a éstas es diferente, destacándose en todos los casos la presencia de tocados zoomorfos sobre las cabezas de las divinidades, que indican o relacionan su identidad, no siendo el caso de la estatua aquí señalada.
Tampoco parece ser la representación de uno de los días del calendario mesoamericano, propio de varias estatuas de la colección de la Isla Zapatera, expuesta en el Convento San Francisco de Granada, pues carece del tocado característico y aunque la “N” de Bovallius está sentada, no hay nada que indique la presencia de una figura zoomorfa que denotaría al signo calendárico náhuatl.
De tal manera, que se está ante una representación femenina que solamente presenta tres elementos iconográficos que podemos analizar: 1. Una especie de peinado sobre su cabeza, achatado y circular. 2. Un collar de tres niveles, cubriendo en su totalidad el cuello de la mujer. Y, 3. El niño que carga entre sus manos, en una característica pose de cualquier infante cargado de la misma manera, con su mano izquierda tratando de agarrarse del adulto que lo carga.
Buscando evidencias documentales que nos ayuden a comprender estos tres elementos, sobre todo el 1 y el 2, se encuentra en los cronistas de Indias algunas citas referidas, tales como Gonzalo Fernández de Oviedo, quien sostiene que “ellas (refiriéndose a las mujeres chorotegas) traen muchos sartales de quentas é otras cosas al cuello” (Oviedo 1979: 309).
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